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  • Tú y yo lo sabíamos: la rareza y la imperfección nos salvarán de la IA

    Tú y yo lo sabíamos: la rareza y la imperfección nos salvarán de la IA

    ¿Alguna vez has sentido que un texto te suena artificial, pero no sabes exactamente por qué? Cuando he escrito sobre IA y literatura lésbica en este blog o en la newsletter, algunas lectoras me han preguntado cómo podrían detectar que están leyendo una historia escrita por IA. Y es que es cada vez más complicado distinguirlas. No es solo una cuestión de palabras o fórmulas repetitivas (ya sabes: “no es sólo… sino”) o de que proliferen los guiones medios —en lugar de comas o paréntesis, justo así—. La diferencia entre cómo escribe una máquina y cómo lo hace un humano es mucho más profunda y aunque parece que a veces sea indistinguible, porque las IAs generativas cada vez son mejores, hay algo irreplicable… de momento.

    Un equipo de investigadores acaba de publicar el estudio StoryScope para detectar textos escritos por IA desde otra perspectiva, una más profunda: su estructura interna.

    Su metodología: cogieron exactamente las mismas premisas argumentales (plots) y se las dieron tanto a escritores humanos como a cinco de las Inteligencias Artificiales más potentes del mercado (Claude, DeepSeek, Gemini, GPT y Kimi). Después, analizaron los textos resultantes.

    Las conclusiones del estudio son fascinantes y nos dejan una radiografía de las «manías» de la IA:

    • La IA desconfía de tu inteligencia: El 77% de las veces, las máquinas te explican masticadita la moraleja o el tema de la historia al final, frente a la sutileza humana, que prefiere que el lector saque sus propias conclusiones (quizá porque ni siquiera las hay).
    • Linealidad y orden: Las tramas de la IA son relatos perfectos, con cadenas de causa-efecto hiperlógicas y finales redondos (generalmente felices). El ser humano, en cambio, abraza el caos, los saltos en el tiempo y los finales abiertos.
    • Emociones plastiqueras: Para transmitir emociones, la IA se apoya mucho en descripciones físicas cliché («se le oprimió el pecho», «un escalofrío recorrió su espalda») en un 81% de los casos, mientras que casi nunca se atreve a nombrar la emoción directamente.
    • Clones narrativos: Mientras que la literatura humana es increíblemente diversa y dispersa (lo que el estudio llama «rarity». (una oportunidad perdida para haberlo llamado «queerness», en mi opinión)), todas las IA analizadas convergen en un mismo «molde» narrativo estrecho y predecible. Para nosotras, esa rarity es nuestra mayor riqueza y la que tenemos que proteger con nuestra vida.

    Las conclusiones de las conclusiones

    Si leemos entre líneas, StoryScope más que un estudio sobre IAs, es un espejo de lo que nos hace humanos al escribir. Suele pasar: cuando se estudia el impacto de la IA en un sector, descubrimos más cosas sobre nosotros, los humanos.

    En este caso, al ver de qué cojea la máquina, entendemos mejor dónde reside la verdadera fuerza de la literatura. Algo que, por cierto, ya he comentado en alguna ocasión:

    1. La literatura humana habita una «temporalidad queer». La IA necesita que el tiempo sea una línea recta, eficiente y productiva: presentación, nudo y desenlace; naces, creces, te reproduces, mueres. Lo han aprendido en los cientos de manuales que hay por internet. Pero una vez te pones a escribir… no hay manual que valga. La vida y la memoria humana no funcionan de manera lineal. La queer, todavía menos. Escribimos desde una temporalidad fragmentada: nos detenemos en traumas del pasado con flashbacks, dilatamos momentos que cronológicamente duran un segundo, o rompemos la lógica del progreso lineal. ¿Te acuerdas de aquella subtrama que abriste en el capítulo dos? Pues resulta que conecta con el flashback del cuarto capítulo. Y seguramente, te la dejes abierta al terminar el libro. Un ejemplo (mío) de esto es «Todos los besos que no di». Échale un ojo 😉

    2. La rebeldía de los personajes. En las historias de la IA, el protagonista avanza con paso firme hacia su meta sin que nada lo desvíe. En la literatura humana, sin embargo, ocurre un fenómeno mágico: la fuerza de sus personajes. A veces un personaje que iba a aparecer en una sola escena se adueña de la trama, sabotea los planes del autor y desvía la historia hacia un lugar imprevisto. Otras, es el propio protagonista quien se niega a seguir el guión. La IA no se permite esa falta de control; nosotras las autoras sí nos dejamos llevar (y lo sufrimos) por la vida propia de sus criaturas. Lee esto que le pasó a otra autora de novela lésbica, Mónica Benítez.

    3. La intencionalidad. Una IA escribe por probabilidad estadística, no quiere contar nada porque no tiene nada que proteger, ni memorias que rescatar, ni traumas que curar. La escritura humana está cargada de intencionalidad. Escribimos para dialogar con el mundo real y con nuestro propio yo, por eso, según el estudio, los humanos duplicamos a la IA en referencias a marcas reales, lugares que existen o guiños directos al lector rompiendo así la cuarta pared. Escribimos para conectar desde un cuerpo que siente a otro que siente o que ha vivido algo similar. Y eso se nota.

    La trampa de “se lee muy fácil”

    ¡Cuánto me repatea que me digan esto tras leer una novela!

    Leyendo sobre este estudio me acordé de otro estudio, un experimento que hizo The New York Times hace unos pocos meses (🔐). Pusieron a unos centenares de personas a elegir entre párrafos de autores reales y fragmentos de IA. En un test a ciegas, la mayoría prefirió los de la IA porque su prosa era seamless: perfectamente pulida, sin fricciones, predecible y fácil de leer.

    Y aquí es donde todo encaja. La IA nos da esa lectura placentera porque elimina cualquier arista, cualquier complejidad, incluida la intelectual. Al comparar esto con las manías de la máquina que ha descubierto STORYSCOPE, se ve la foto entera.

    Un texto humano desordenado, que salta atrás en el tiempo o que dilata un trauma, exige un esfuerzo cognitivo. La IA, con su hiperlinealidad predecible, te da el camino masticado para que no tengas que pensar. Saciante, sí, pero nunca nutritiva.

    La IA es fácil de leer precisamente porque no tiene nada que decir. No arrastra obsesiones, culpas ni urgencia política. No apela al lector, no lo interroga, no lo pone en situaciones muy complicadas. Al no haber una intencionalidad real, el lenguaje no se tensa y el cerebro lo lee sin esfuerzo, aunque también sin recompensa.

    El caso concreto de la literatura lésbica

    Esta trampa de lo seamless y lo fácil cobra un sentido más dramático cuando miramos hacia géneros específicos, como la literatura lésbica. Durante décadas, las mujeres sáficas hemos habitado un desierto de representación. Ante la falta de referentes en la ficción (literaria o audiovisual), lo que buscábamos con urgencia eran plots: argumentos sencillos, estructuras claras de «chica conoce a chica» y, sobre todo, finales felices. Tremendos truños nos hemos comido sólo porque había dos chicas que se daban un besito.

    Ahora esa labor, la del esquema predecible que reconforta, lo cubre la IA a la perfección.  Mucho mejor y, sobre todo, más rápido que las creadoras. El algoritmo es una máquina impecable de replicar tropos, personajes perfectos y finales redondos a una velocidad pasmosa, cumpliendo a su vez con las exigencias del (otro) algoritmo de Amazon (una novela cada tres meses) para que te posicione en lo más alto y seguir siendo visible.

    Pero aquí está la encrucijada: tanto las escritoras como las lectoras sáficas hemos madurado. Ya no nos basta con que dos mujeres se besen en la página; ahora exigimos literatura que nos apele, que nos interrogue, que nos mire muy adentro. Queremos historias donde el tiempo se dobla, donde el trauma aflora, con unos personajes secundarios complejos que saboteen la trama y unas relaciones moralmente ambiguas.

    Si nos acomodamos en el consumo perezoso de historias complacientes solo porque «tienen representación», el algoritmo terminará por engullir y homogeneizar nuestro espacio. La IA puede imitar un final feliz lésbico, pero jamás podrá replicar la intencionalidad política, ni la memoria colectiva que escribimos (se pinta la cara a lo Braveheart).

    Reivindicar nuestra «rareza» es negarnos a que los algoritmos automaticen la diversidad de nuestras tramas, evitar que homogeneicen nuestros deseos y proteger nuestra madurez como lectoras.

  • ¿Qué es Mastodon y por qué te necesita?

    Personalmente, estoy harta de Twitter/X. Sus normas aleatorias, sus trolls de derechas, su CEO insoportable…

    Ojalá no tuviera más de 3.000 seguidoras ahí.

    No puedo obligar a nadie a dejar Twitter, obviamente. Menos todavía cuando yo sigo teniendo cuenta ahí y entro para hablar con la gente (aunque cada vez menos, la verdad). Pero sí puedo hacer algo de pedagogía para que mi comunidad aprenda un poco de Mastodon y su filosofía federada.

    ¿Qué es Mastodon?

    Mastodon es una red social de microblogging. Y aquí empieza lo interesante. Twitter/X ya no es una red social, es un social media, y la diferencia, aunque sutil, es importante para entender los cambios que ha llevado a cabo su CEO.

    Además de ser una red social, Mastodon no es propiedad de ninguna corporación. Es un software libre que funciona de manera federada sobre el cual se crean instancias.

    Como el correo electrónico. Al igual que cuando creas una cuenta de email, has de elegir un servidor ya existente, un lugar donde empezar, una comunidad. Ya lo hiciste en los años 2000 con los foros y demás vainas. Recuerda, cuando internet era nuestro, no de compañías que te espían.

    Césir en Manual para principantes en Mastodon

    ¿Qué es eso de «federado»?

    Vamos a usar la metáfora de los barrios que es la que me sirvió a mí para entenderlo.

    • En Twitter: Vives en un edificio propiedad de un sólo casero. Si él decide subir el alquiler, cambiar el nombre, echar a gente o que la pintura de las paredes sea negra, te toca fastidiarte.
    • En Mastodon: Tienes la libertad de elegir tu propio barrio (servidor o «instancia»), uno que tenga reglas y un ambiente que te guste (ej. mastodon.social, glitch.social, o un servidor más enfocado a la comunidad LGTBIQ+ como neopaquita.es, en el que estoy yo). Si, por lo que sea, quieres cambiarte de barrio:
      • Puedes seguir visitando a tus viejas amistades (porque tus seguidos no desaparecen).
      • Debes indicarle a tus antiguos vecinos dónde te mudas (tu dirección cambia, por ejemplo, de nicoporfavor@mastodon.social a nicoporfavor@neopaquita.es).

    Sin publicidad, sin algoritmos, sin tuits ni cuentas promocionados.

    Mastodon parece muy serio… ¿Me querrán allí con mis shippeos?

    ¡Sí, Mastodon te necesita! Es cierto que algunas instancias o usuarios de Mastodon tienen reputación de ser serios, todo el día enfadados y hablando de software libre, de política y quejándose de las políticas de Trump. Es parte del core de Mastodon, de su filosofía abierta frente al corporativismo y hermetismo de las grandes tecnológicas.

    Pero una comunidad necesita de todo:

    • Necesita los memes de #Mafin (para sobrellevar la vuelta de Fina).
    • Necesita shippear a las concursantes de OT (¡y comentarlas sin miedo a la toxicidad viral!)
    • Necesita el drama de la última serie con mujeres sáficas o la nueva lectura que te tiene enganchada.
    • Necesita tu arte, tu humor, tus quejas cotidianas y las fotos de tu gato los domingos (sí, existe un ).

    ¡Ven a darnos un poco de color!

    Y ojo, que tampoco viene mal enterarse qué está pasando en USA y en EU para ser una ciudadana más consciente e informada.

    Mira, aquí te llaman:

    ¿Lo has notado? Exacto: Cris me contesta aunque esté en otra instancia y La Guiri ha puesto candado a sus toots para proteger su privacidad pero como está en mi instancia y me sigue yo lo puedo ver. La configuración para acotar tu privacidad y hablar con y para quien tú quieres son lo mejor de Mastodon.

    La moderación

    La moderación en Mastodon es radicalmente distinta a la de redes sociales como Instagram o X (Twitter). Al no ser una plataforma única dirigida por una sola empresa, la responsabilidad no recae en un algoritmo central o un CEO, sino en las comunidades locales. Aquí la responsabilidad es nuestra, de la comunidad.

    Mira cómo va el engranaje:

    1. El administrador (o la dueña del local)

    Cada servidor o instancia es un mundo. El administrador es quien paga el servidor y pone las reglas de la casa.

    • El contrato social: Al entrar, aceptas las normas del servidor. Aquí está otra de las particularidades del fediverso: tu instancia la gestiona una persona o grupo de personas. Infórmate de quién(es) son y qué normas han puesto, además de caracteres límite, si usan o no Markdown, etc.
    • Poder de decisión: Aquí mandan las personas, no los bots. El equipo de moderadores voluntarios tiene la última palabra. Si no cumples las normas, te echan.

    2. Tú llevas el mando (moderación «yo conmigo misma»)

    No tienes que esperar a que un comité en Silicon Valley decida si ese comentario tránfobo es «libertad de expresión» o una basura. Tienes herramientas para limpiar tu jardín:

    • Filtros de palabras: ¿No quieres saber nada de la última serie de moda o de términos que te hacen daño? Filtro y a otra cosa, mariposa.
    • Bloqueo y silencio: El combo estrella. Si alguien te da la turra, lo silencias. Si es un pesado de manual, bloqueo y que le cuente sus penas a la pared.
    • Silenciar dominios: Esto es lo mejor. Si ves que un servidor entero es una granja de trolls o una web de señores enfadados, bloqueas el servidor entero y desaparece de tu vista. Magia.

    3. Moderación federada (el cordón sanitario)

    Esto es lo que hace que Mastodon sea tan especial. Los administradores no solo vigilan a sus usuarios, sino que deciden con qué otros barrios quieren juntarse:

    • Silenciar (Silence): Es como decir: «Vale, os dejamos pasar pero no hagáis ruido en la plaza pública». Solo ves a esa gente si decides seguirlos a propósito.
    • Suspender (Suspend): El adiós definitivo. Tu servidor corta cables con el servidor tóxico. Ni se ven, ni se tocan, ni se mandan postales. Espacio seguro blindado.

    4. El reporte manual (chivarse es de guapas)

    Cuando reportas algo, no cae en un agujero negro sin alma. Suceden dos cosas reales:

    • Aviso a tu «admin»: Para que limpie tu casa rápido.
    • Reporte a la fuente: Puedes elegir que la queja llegue directamente al servidor de donde salió el troll. Así, les obligamos a que se miren sus propias manchas y decidan si quieren ser parte de la comunidad o un vertedero digital.

    –Ya, pero, entonces, ¿dónde queda la libertad de expresión? –preguntas mientras clavas en mi pupila tu argumento manido.
    –Pues verás, llevamos tiempo soportando faltas de respeto, recorte de libertades e invisibilización y silenciamiento con la excusa de la libertad de expresión. Y mira dónde estamos: con la ultraderecha comiéndonos los derechos por los pies. Así que no, tu libertad de expresión no puede quedar por encima del respeto y pasar por encima de todo lo que hemos logrado como sociedad. Mastodon va de hacer comunidad y eso conlleva respetar y validar otras realidades, otras maneras de vivir, de pensar, de reflexionar más allá de la centralidad que nos propone desde hace siglos el mercado y el patriarcado.

    ¿Es muy complicado de usar o configurar?

    Nada que tu cerebro hacker para encontrar libros piratas no haya hecho ya.

    1. Elegir la casa (Instancia): Tienes que hacer scroll por una lista de «barrios» disponibles (servidores) y elegir el que mejor te encaje (por temas o ubicación). Esto es lo más «complicado», y solo lleva cinco minutos.
    2. Configuración del perfil y privacidad: Muy similar a Twitter
    3. Tootear: Escribe tu primer post e interactúa con la gente sin miedo. Incluso los toots tienen su propia configuración de privacidad, selección de idioma, etc.

    El resto es prácticamente idéntico a Twitter.

    Y para cualquier duda, pregunta. No en chatGPT o Google, sino en el propio Mastodon. La gente es muy maja por lo general y siempre está dispuesta a ayudar.

    Si finalmente te unes, coméntalo en Twitter para atraer a más gente!

    ¿Y por qué no Bluesky, que es más sencillito?

    Bluesky es otra plataforma nueva y mucha gente se está mudando allí. Ahora está bien porque se parece mucho al Twitter de 2012 y eso molaba, pero ya ha mostrado un par de red que nos hacen creer que sigue siendo la misma movida de siempre.

    Si te unes a Mastodon, sígueme en nicoporfavor@neopaquita.es 🙂

  • Carmen y Amanda, escritoras y amantes durante el Franquismo

    Carmen y Amanda, escritoras y amantes durante el Franquismo

    La primera mujer en entrar a la Real Academia de la Lengua Española fue una poeta mayúscula y, además, sáfica. Carmen Conde fue nombrada Académica de la RAE en 1978. En 1978 cesan los más de 40 años de correspondencia con su pareja, Amanda Junquera. Ya no hacía falta; vivían juntas.

    Amanda Junquera y Carmen Conde en una playa de Santander en 1945. Ayto. Cartagena

    Carmen (Cartagena, 1907) y Amanda (Madrid, 1898) se conocen en febrero de 1936, en la inauguración de la Universidad Popular de Cartagena en la Región de Murcia de España. Carmen Conde había participado en la creación de esta institución junto a su marido, el poeta Antonio Oliver. Amanda también era escritora, de ensayo y relatos principalmente, aunque muchos de ellos los publicaba bajo el seudónimo de Isabel de Ambía. Conectan de inmediato e intercambian señas (una vive en Murcia y la otra en Cartagena). Aquí empieza su intensa correspondencia.

    En dichas cartas aluden a un código lésbico propio: Conde le habla de D.H. Lawrence, de Virginia Wolf y de Katherine Mansfield, lo cual entiende Amanda que les «ponen en una misma ruta emocional«.
    No era la primera vez que Conde usaba la carta de K. Mansfield para tantear a una amiga por correspondencia puesto que ya lo había hecho (con éxito) con Ernestina de Chapourcín, pero esa es otra historia.

    Un lenguaje propio

    Sabemos quiénes eran Wolf y Lawrence, pero no nos ha llegado tanto sobre Mansfield.

    Katherine Mansfield

    Carmen se inició en el mundo de la literatura escribiendo cartas a conocidos escritores. Era una fangirl, una joven con enormes ganas de tener una amistad y de intercambiar todo su intelecto con alguien a su altura. El primero en responderle fue un novelista decimonónico que hizo honor a su época cuando le indicó que las mujeres no debían de escribir. Afortunadamente, Carmen Conde se pasó por la enagua el comentario y continuó con su afición escribiendo a (y recibiendo misivas de) Gabriela Mistral o Juan Ramón Jiménez.

    Más tarde trasformó esta pasión en una ficción escribiendo Cartas a Katherine Mansfield, una serie de epístolas únicas, escritas en 1935, cuando Conde tiene veintipocos años. Más que unas cartas son un diálogo sin repuesta, un monólogo apasionado con la escritora neozelandesa Katherine que había fallecido doce años antes.

    Considerada una de las mejores escritoras de cuentos de su generación, Katherine Mansfield también fue conocida por la libertad de su estilo de vida bohemio (formaba parte del grupo Bloomsbury), casada dos veces que llamaba «esposa» a su amante lesbiana.

    Lo que Conde encontró a través de la lectura y el «diálogo» con Mansfield fue una exhortación a arriesgarlo todo y ser ella misma:

    «Me parece que llega un momento en la vida en que uno debe darse cuenta de que ha crecido… La vida es tan corta. El mundo es rico. Hay tantas aventuras posibles. ¿Por qué no reunimos nuestras fuerzas y VIVIMOS?»

    –Katherine Mansfield.

    La importancia de los referentes…

    Así, la mención de Mansfield es típica de un código lésbico de la posguerra española, que utiliza una figura icónica para significar lo que no puede decirse directamente. Conde sin duda había leído a Mansfield, y sus propias «cartas» revelan a una mujer apasionada y sensual que busca una confidente que la lea, la comprenda y comparta su propia dedicación a la vida y la literatura.

    Con Amanda en esa «misma ruta emocional», Conde encuentra el amor de su vida adulta.

    Un mes después de su primer encuentro, Conde le dedica libros y poemas a Amanda, que describen explícitamente su deseo y amor por ella.

    «Para Amanda, tan yo misma, con toda una vida detrás de nosotras y lo que nos queda juntas».

    «Entonces, juntándome a ti, fluiremos juntas».

    «No he sido yo tan yo nunca en mi vida»

    Sobre el contenido y evolución de las cartas, este ensayo de María Luz Bort Caballero, de la Universidad de Huelva.

    Poco más de un año después de conocerse, en junio de 1937, las dos mujeres planean unas vacaciones juntas, sin sus maridos, al Parque Natural Penyal d’Ifac de Valencia, donde afirman su relación.

    Menos mal que no fueron las típicas sáficas que no sabían si la otra quería tema o simplemente estaba siendo maja.

    El pudor, la timidez o la autocensura han destrozado la libre expresión de la pasión amorosa fuera de la heteronorma. Mucha de la poesía femenina está atravesada por metáforas, analogías y figuras que obligan a hacer segundas y terceras lecturas. ¡Hasta yo misma me corto muchas veces cuando escribo hoy en día!

    Para colmo, Carmen Conde era muy buena escritora, era brillante, y hacía ese masking lésbico tan bien que da rabia. Un ejemplo, Conde narra en su autobiografía (Por el camino. 1985) ese primer viaje sin maridos. Para ello usa la autoficción combinada con ese juego típico de adivinar qué relación guardan dos personas cuando las ves aparecer para hablar de ellas mismas:

    Mas, he aquí que de pronto ingresan unos “nuevos” en el comedor: son jóvenes, hombre y mujer; cuando empiecen a comer veremos si esposos o amantes. El vino frío y claro que empaña las copas, refleja una sonrisa del hombre enamorado; ávida, por los ojos entornados de ella: son amantes.

    Estos amantes tienen unas cualidades que Conde transmuta en ellas:

    Mi compañera [Amanda] tiene los ojos llenos de azul; ahora no son oscuros como ayer, sino claros… y tienen un Ifach pequeñito en cada pupila. En la copa de agua que [Amanda] levanta, se reflejan los cabellos rubios y alborotados [de Amanda] del recién llegado amante [Carmen/él]; y yo [Carmen] levanto la mía para ver la cabeza morena y firme de ella [Amanda/ella].
    Ya los amantes habían decidido no comer. Y se miraban a los ojos, entristecida ella, febriciente él, con silencio en los labios. Solo una vez, ella [Amanda] los movió y yo [Carmen] entendí: Te quiero. Y él [Carmen] sonrió con amargura. Dijo: Yo, más.
    Todos se iban a la noche; encendimos cigarrillos y continuamos dialogando.

    Los corchetes y la interpretación no son míos, sino de K. M. Simbald. También Francisco Javier Díez ha analizado la poesía de la poeta en Carmen Conde, desde su Edén (2021).

    Todo lo cual, junto con las fotografías tomadas por Conde en las vacaciones, hace que el comentario final sea curiosamente explícito a pesar de la confusión de identidad:

    Amanda Junquera (izquierda) y Carmen Conde (derecha)

    —¿Te gustan?
    —Sí; porque se viven a sí mismos sin preocupación e íntegramente.
    —Van a pasar una noche muy difícil.
    —Su amor les salvará.
    Cuando se levantaron, él la cogió nerviosamente de un brazo y, en las escaleras, ella le besó en la sien. Su gesto al besarle era tan dulce, tan dolido, que él la abrazó por la cintura con pasión.
    Nos miramos nosotras sonriendo. Y los ojos de mi amiga a los míos cantaron las propias inquietudes…
    —¿Te has enamorado de veras?
    Mas, el silencio fue tan elocuente como eficaz…
    Era casi la medianoche… ¿Quién oiría cantar las sirenas?

    Convivencia a cuatro

    Con su marido en prisión tras la Guerra Civil, Carmen se muda a Madrid para vivir junto al matrimonio Junquera-Alcázar. Cayetano Alcázar, el marido de Amanda, era conocedor y cómplice necesario de la relación de ambas. El matrimonio interce por Carmen cuando la someten a una investigación por colaboración con la República. Si bien Cayetano también había luchado en el frente en el mismo destino que Antonio Oliver, se ha movido mejor que el poeta en el entramado de contactos y favores para sortear la prisión.

    Cuando excarcelan a Oliver (marido de Carmen) este se traslada también a la vivienda de Junquera-Alcázar. Si bien, él no es tan complaciente con la pareja de amantes, su situación política y profesional no le deja muchas opciones. A Antonio Oliver no le cae muy bien Cayetano y la convivencia en aquella casa es bastante dura. Por ejemplo, a Antonio no le gustan nada las nuevas amistades que Carmen hacía en el Lyceum Club y Conde le acusa de «conducta incongruente» y se lamenta de los «horribles, espantosos y violentos disgustos» que este le da. Aunque la relación ya venía resintiéndose desde un aborto natural que sufrió Conde.

    Puedo imaginarme los días felices que vivieron juntas mientras sus maridos luchaban en el frente, jugándose la vida. La disociación debió ser brutal.

    En este periodo hay viajes o estancias lejos de casa, ya sea en grupo, por parejas oficiales o ellas solas. Los cuatro intentando vivir en la asfixiante sociedad del Franquismo, encontrando su sitio en una sociedad en la que no encajan, ni política ni socialmente. Hay amigos exiliados; otros fueron fusilados o viven escondidos o encarcelados. Y en toda esa podedumbre humana, el amor entre Carmen y Amanda.

    Caídas en el olvido

    Cayetano fallece en el 58 y Antonio una década después dejando a la pareja por fin libre de teatrillos. Entre «Carmen Conde y Amanda Junquera hubo una relación amorosa que dura toda su vida y que tanto los maridos como su círculo más cercano lo sabía

    Amanda está enferma de Alzheimer y, cuando empeora, su hermana se hace cargo. Carmen se va a vivir a un piso en la calle Ferraz.

    «Desde las 2:30, toda la madrugada del 25, más toda la noche, sin dormir, llorando por Amanda, y conteniéndome por no correr a casa de Mercedes. Ayer tarde ya la vi muriéndose. ¡Dios mío! Estoy deshecha».

    Amanda fallece en 1986. Fue la primera lectora y la crítica de las obras de Carmen durante su proceso de creación, por lo que la huella de Junquera es permanente en su obra, un mundo que ambas compartieron durante cuarenta y dos de los cincuenta años que perduró su relación. Además escribieron dos obras de teatro juntas.

    Carmen murió en una residencia en 1996, también enferma de Alzheimer.

    La relación epistolar entre Conde y Junquera, que abarca desde 1936 hasta 1978, está documentada en el Epistolario Carmen Conde – Amanda Junquera (Fran Garcerá, 2021). Este conjunto de 393 cartas ofrece una visión íntima de su vínculo y de cómo navegaban su relación en una sociedad que no aceptaba abiertamente su amor.

    Aunque ya hay personas estudiando y manifestando su legado, hagamos que no vuelvan a caer en el olvido. En el Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver, en Cartagena (Murcia) se encargan de custodiar y divulgar la vida y obra de Conde y de su amor por las letras y por Amanda.

    Por cierto, ¿sabes qué letra ocupó Carmen Conde en su sillón de la RAE?

    La K de Katherine.

    ¿Te gustas las historias de amor lésbicas?

    Mi última novela

    portada Herederas de Safo, novela de A. M. Irún

    La más popular

    Novela lésbica: Nico, por favor

    La favorita de la autora

    Una buena amiga vol. 1
  • Mafin, fanfics y la cuarta pared

    Mafin, fanfics y la cuarta pared

    Yo salí del armario tarde y por eso me he perdido algunas cosas que otras mujeres lesbianas de mi edad sí vivieron, como el meterse en foros de Maca y Esther o escribir fanfics en Fotolog o alguna plataforma ya extinta. Vaya, que estaba muy perdida en lo referente a algunos códigos lésbicos, por así decirlo.

    Por supuesto, si empecé tarde, más perdida andaba conforme avanzaban dichos códigos. Reflexiono sobre esto en una de mis últimas novelas, Una buena amiga, pero no estamos aquí para vender. Bueno sí, pero ahora no. Ahora toca reflexionar sobre fanfics y cultura lésbica.

    Uno de esos códigos que me ha pillado mayor es el mundo fanfics.

    Ahora empiezo a pillarles el truco y a saber por qué existe esa necesidad de tomar personajes creados por otros para escribir historias diferentes. 

    Tomemos la pareja lésbica de moda: , de Sueños de Libertad.

    Ya (me) expliqué porqué nos gusta tanto un drama lésbico ambientado en épocas donde nuestro amor estaba prohibido. Ahora, a la reparación de los relojes, añado una capa más: la ruptura de la cuarta pared.

    Rompiendo la cuarta pared

    Marta y Fina no son, estrictamente hablando, personajes pensados para satisfacer al fandom lésbico. Sus historias responden a las necesidades de una telenovela, con sus propios ritmos y prioridades narrativas, no a la ficción lésbica en sí.

    Y, sin embargo, para nosotras representan algo más. Algo que la serie no puede o no quiere explorar en su totalidad.

    A veces nos pasa que no reconocemos a los personajes porque en ese momento están al servicio de la trama, no de su personaje.

    Y esto nos genera frustración.

    Con Sueños de libertad es especialmente sangrante porque empezaron la ficción definiendo muy bien a sus personajes. ¡Por eso nos engancharon!

    Hay que tener en cuenta que los guionistas van a full en una diaria y no hay mucho espacio para la reflexión: son cortoplacistas y deben trabajar rápido dejando por el camino algunas buenas oportunidades para contar más cosas de los personajes.

    Aquí es donde entran los fanfics: recogen toda esa frustración y crean algo nuevo para llenar los vacíos, reparar las injusticias y regalarnos las historias que desearíamos ver en pantalla.

    La barrera invisible que separa a los personajes de su audiencia se diluye cuando el fandom toma las riendas de su historia y la lleva fuera del espacio acotado por el guión de la serie. Los fanfics de expanden los límites de la historia oficial y nos permiten imaginar otras tramas posibles entre Fina y Marta.

    Es como tener a las actrices a tu disposición, deseosas por seguir contando su historia de amor, acercándose a ti. Salen del camerino y se dirigen a ti, y te pregunta: «Venga, ¿qué quieres que cuente hoy?».

    Yo misma he escrito fanfics (con Luimelia quise llenar el vacío de su primera relación sexual que, por razones obvias, no se mostró en la tele; con Dianhoa quise explorar las reticencias de Diana a la hora de mostrar su amor hacia Ainhoa en público; y con Barcedes te lo cuento más abajo) y si no sintiera cierto reparo por usar personajes creados por otras personas, escribiría más.

    ¿Te imaginas una comedia de enredos con ese supuesto matrimonio a 4 que vemos en el horizonte entre Marta y Pelayo, y Fina y Darío?

    De personajes a avatares

    Eso sí, reconozco que lo que aún me está costando entender es lo de llevar los personajes de Marta y Fina a otras historias que nada tienen que ver con el universo de Sueños de libertad. A estos fanfics se les llama AU. Son historias ambientadas en universos alternativos en los que los personajes viven en la actualidad o incluso en otra época, son abogadas, médicos o jugadoras de tenis y poco tienen que ver con la historia original donde nacieron, como si fueran meras cáscaras o avatares para cumplir nuestros fetiches.

    Estuve muy obsesionada con Barcedes. Quería tanto a Mechita y Bárbara, la pareja lésbica de la telenovela chilena Perdona nuestros pecados, me urgía tanto un final feliz para ellas que escribí una manera de traerlas a la actualidad, donde su amor no sería (tan) castigado. Pero no me salía inventarme un contexto nuevo para ellas, saltarme su contexto y ponerlas en otro espacio y lugar, tenía que hacerlo desde su contexto original. Y no se me ocurrió mejor manera que inventarme un viaje en el tiempo. Usé el combo de temporalidad queer y ruptura de la cuarta pared 😁

    ¿Dónde está el límite entre una historia inspirada en los personajes y otra totalmente alejada de su contexto? Quiero decir, lo que nos gusta de Fina es su seguridad en sí misma y en su sexualidad en un momento de libertades cercenadas; de Marta todo el viaje que está haciendo desde su posición privilegiada (por venir de familia bien), pero no tanto (por ser mujer en el Franquismo). Si las sacamos de ahí, ¿no le estamos quitando parte de su personalidad, de eso que nos ha enamorado de ellas?

    Este post está basado en una carta que envié hace unas semanas a las personas que están suscritas a mi lista de correo. Gracias a ellas, a quienes me respondieron, di en el clavo, o al menos en uno de ellos, y entendí por qué al fandom le gustan tanto los AUs, pese a sacar a los personajes del contexto que nos enamoró.

    También me dieron una lista de un puñado de buenos AU basados en 😃

    Pero eso ya lo dejamos para otro post, que va a empezar la novelita.

    Este artículo forma parte de una trilogía:

    1. Mafin y la reparación de los relojes
    2. Mafin, fanfics y la cuarta pared
    3. Universos alternativos y Mafin

  • Querida escritora de novela lésbica, tenemos que hablar de IA

    Apreciada compañera de letras, tenemos un problema.

    Actualmente, el poder de la inteligencia artificial (IA) está mayoritariamente en manos de señores blancos heterosexuales con trajes de Silicon Valley que probablemente no podrían distinguir entre un buen romance lésbico y el manual de instrucciones de un microondas. Pero, ¿qué significa esto para quienes escribimos y leemos estas historias que tanto nos importan?

    Esta carta pretende abrir un diálogo real y cercano entre quienes creamos estas narrativas y quienes las disfrutan, abordando preguntas que nos apelan directamente antes de que no tengamos capacidad de reacción.

    Sabemos que escribir novela lésbica no es solo un acto literario; es también un acto político y personal. Nuestras historias aportan visibilidad, validación y un espacio seguro para las mujeres lesbianas y bisexuales, que bien sabe Dios Safo que lo necesitamos. Sin embargo, ¿cómo se relaciona nuestra literatura con el auge de la inteligencia artificial?

    En España, el Ministerio de Cultura pretende regular el entrenamiento de inteligencias artificiales (IA) mediante «licencias ampliadas». Su idea es delegar en entidades como CEDRO o SGAE la concesión de licencias colectivas ampliadas para la explotación masiva de obras y prestaciones protegidas por derechos de propiedad intelectual para el desarrollo de modelos de IA.

    Esto significa que tus novelas podrían estar siendo utilizadas para entrenar modelos de lenguaje sin que tú lo sepas ni lo autorices.

    El real decreto propone un sistema de «licencias colectivas ampliadas» que permitiría a las sociedades de gestión licenciar obras para el entrenamiento de IA, incluso sin el consentimiento explícito de los autores.

    Para más información sobre este tema, puedes consultar este artículo de Safe Creative.

    La IA aprende de nuestras tramas, voces y estilos, y eventualmente podría replicarlos.

    –Bueno, A.M., pero yo soy una autora autopublicada en Amazon y CEDRO no gestiona mis derechos de autor. Esto no me afecta –dirás.

    Y tienes razón. A medias.

    Amazon, donde muchas publicamos nuestras novelas, también plantean interrogantes.

    Para empezar, su dueño, Jeff Bezos, es dueño también del The Washington Post. El periódico ya ha vivido dos casos de intervención en su línea editorial.

    La intervención de Bezos en la línea editorial del diario enseñó la patita por primera vez cuando decidió no tomar partido por ninguno de los dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, cuando tradicionalmente, había apoyado al candidato del partido Demócrata. Te recuerdo que este periódico fue quien desató el escándalo de las escuchas de Richard Nixon que le llevó a su dimisión. Es decir, era reconocido por ser un bastión de la vigilancia del poder.

    La segunda vez ha sido más reciente, con la dimisión de una de sus viñetistas (ganadora de un Pulitzer) cuando la jefatura de redacción rechazó publicar esta viñeta.

    Unos fácilmente reconocibles Jeff Bezos (Amazon), Sam Altman (OpenAI) y Marlk Zukerberg (Meta) entregando dinero al poder. Mickey Mouse directamente postrado a sus pies.

    Cierto es que la dibujante se la jugó al poner ahí al jefazo, pero, ¡coñe! Su libertad de expresión ha sido cercenada en el país de las libertades.

    –Ya, A.M., pero The Wahsington Post es una cosa y Kindle otra. Somos unas mindundis y no hay tanto mercado en la novela lésbica como para intervenirlo. Nadie reparará en nosotras –dirás.

    Y… Bueno, tengo malas noticias.

    Una investigación ha revelado que Spotify está usando artistas fantasma para colarlos en sus listas de recomendados y ahorrarse unos euretes en el reparto de royalties.

    El modelo de negocio de Amazon se basa en la oferta masiva de contenidos, y la IA es una herramienta perfecta para (1) aprender de los escritores que suben sus novelas a la plataforma; (2) escribir sus propias novelas; e incluso, si me apuras (3) escribir las reseñas de esas novelas (muy positivas, por supuesto).

    El círculo se cerraría con la adaptación de esas historias creadas con IA a películas para Prime Video (y ahorrarse también el reparto de derechos con los guionistas, sí, esos que estuvieron en huelga en 2023 y por el cual nos quedamos con las ganas de la segunda temporada de The Last of Us).

    ¿Podría Amazon estar desarrollando «escritores fantasma» para escribir novelas, reduciendo así los costes de regalías? En una batalla por la creación del contenido por la audiencia entre la máquina y la humana, ¿quién crees que ganaría?

    –Joder, A.M., ¿y entonces qué hacemos? –me increparás.

    No lo sé, querida, por eso esta carta es abierta.

    Queridas lectoras, vosotras sois el alma de la novela lésbica. Sin vuestro apoyo y entusiasmo, nuestras historias no tendrían el impacto que tienen. Pero también es importante que os preguntéis: ¿es posible que ya hayáis leído una novela escrita o traducida por IA sin daros cuenta?

    Quizá notasteis un estilo genérico o un enfoque que, aunque «correcto», carecía de alma. O quizá no lo notasteis porque el algoritmo aprendió demasiado bien de nosotras las escritoras. Sea como sea, esto plantea una pregunta crucial: ¿os importa que la novela que leéis haya sido escrita por una persona o por una máquina? ¿Creéis que seríais capaces de diferenciarla?

    Si nuestras historias son, ante todo, reflejo de nuestras vivencias, emociones y perspectivas, ¿podría una IA comprender y transmitir esas sutilezas?

    Y si os da igual porque al final sólo quieres llegar a casa y leer un rato, ¿qué significa para el futuro de la literatura lésbica que los creadores de IA, los que ya están inundando internet de contenido, sean básicamente señoros?

    Este es el momento de preguntarnos qué ficción lésbica queremos construir y quién debe hacerlo. Nuestra literatura debe seguir siendo un espacio de diversidad, resistencia y creatividad humana. Autoras y lectoras debemos fortalecer la comunidad que compartimos en tres ejes principales: apoyo directo, defensa de la autoría y promoción de la autenticidad.

    No podemos esperar más transparencia de las plataformas, ni, visto está, una regulación que nos proteja, pero sí podemos pediros compromiso a las lectoras para apoyar a autoras reales y valorar su trabajo.

    Lee, recomienda, reseña, conversa, visibiliza… Hagámoslo real.

    La ficción lésbica no es solo un género; es una comunidad. Nos corresponde a todas protegerla para que mantenga su autenticidad.

    Con cariño,

    A. M.

  • #Mafin y la reparación de los relojes

    #Mafin y la reparación de los relojes

    Naces, creces, te enamoras en tu adolescencia, estudias una carrera, conoces a un buen hombre, te casas… Wait! Algo no me cuadra. Mi reloj está roto. No está siguiendo el segundero que me marca el ritmo heteropatriarcal.

    Vivo en una temporalidad paralela. Mi propio ritmo, mis propios tiempos. Durante mucho tiempo pensé que era algo malo, algo que me haría infeliz toda la vida. Ahora sé que no, y que no soy la única.

    Estoy enganchada a la historia de Marta y Fina (a.k.a. Mafin) en la serie de Antena 3 «Sueños de libertad». Y como yo unas cuantas más. Mujeres de diferentes edades que ven en esta pareja un espejo en el que reflejarse.

    Ambientada en la España de 1958, ya intuimos que va a haber drama y nos van a hacer sufrir. Entonces, ¿por qué nos gustan tanto las historias lésbicas de época aunque sepamos que lo vamos a pasar fatal?

    Yo tengo una teoría.

    Si te fijas, la concepción de nuestro tiempo es lineal. Empezamos las frases con un sujeto y continuamos con el predicado. No me voy a enredar con esto, que es una movida, pero podéis ver “La llegada” que lo explican muy bien, y Amy Adams está maravillosa.

    Esta concepción lineal impone también la manera en que debemos vivir nuestras vidas. Lo del reloj biológico y tal.

    Hasta que llegamos las personas LGTBIQ+ y rompimos con todo.

    La temporalidad queer desafía la noción tradicional de una línea temporal lineal y progresiva hacia un objetivo reproductivo que siga alimentando la rueda del capital. 

    Ay, perdón, que me he puesto anarquista.

    Como decía, en lugar de ver la historia como una progresión lineal hacia la igualdad y la aceptación, como personas queer sabemos que los avances pueden ser seguidos por retrocesos y que los mismos problemas pueden surgir una y otra vez en diferentes momentos históricos. Como un yo-yó en el que no sabes qué momento te va a tocar, si con la rueda en un puño bien cerrado o suelta y alegre vibrando en el aire. Ahora, por ejemplo, el yo-yó se está recogiendo, nuestros derechos se están viendo amenazados. Vemos en el pasado que nos muestra Mafin cómo podría ser nuestro futuro.

    Sin embargo, este “eterno retorno” ahora ya no parte de cero, sino de algo ya construido, ya vivido, aunque sea en la ficción. Hay un rastro, una prueba testimonial, un “aquí se quisieron Marta y Fina”

    Una ficción que, como mujeres lesbianas, vivimos con una intensidad real. Hablamos con las actrices en redes sociales, amplificamos la historia, la sacamos del decorado. Con las redes sociales, con la conversación en torno a , la historia sigue más allá de lo acotado en el guión. Los memes, los gifs, las reacciones, las películas que nos montamos, vaya, eso es real. Eso se queda con nosotras, como lo hicimos con Barcedes, Luimelia o Aurelia.

    Y ahora también se queda grabado para futuras generaciones.

    Sabemos que habrá drama, porque en esa época las relaciones homosexuales están prohibidas. Pero también habrá reparación por todas esas mujeres que vivieron un amor lésbico en tiempos prohibidos. 

    Lejos de quedarnos con esa idea de que, cuidado, esto puede volver (el aumento de homofobia, la vuelta de la extrema derecha al poder), debemos quedarnos con la idea de que, aunque prohibían las relaciones entre personas del mismo sexo siempre estaremos ahí, porque siempre estuvimos ahí

    Al miedo se le combate con cariño y muchos besos, sí, pero también con historias en positivo, como la que nos están regalando Marta y Fina.

    —Pero A. M., Marta y Fina no pueden tener un final feliz. No sería realista

    —¿Y tú qué sabes? ¿Cómo sabes que no hubo finales felices entre las Martas y Finas del pasado? No lo viste, no lo oíste; no dejaron apenas rastro. Estas historias están ocultas por la vergüenza en la genealogía de miles de familias, pero no significa que no existieran. 

    Es el momento de visibilizar estas historias de nuestro pasado para que la cuerda del yo-yó no vuelva a recogerse.

    Y también para saber que aunque nuestro reloj no marque el ritmo que nos imponen, no significa que esté roto, sino que tiene otro uso temporal. Y está bien.

    Este artículo forma parte de una trilogía:

    1. Mafin y la reparación de los relojes
    2. Mafin, fanfics y la cuarta pared
    3. Universos alternativos y Mafin

  • Hace falta tener arte para salir del armario

    Hace falta tener arte para salir del armario

    El otro día pensé: Hace falta tener arte para salir del armario.

    Luego lo elaboré un poco más: Hace falta tener unas cualidades específicas para salir del armario. Unas habilidades que no todo el mundo tiene. O, por lo menos, no todas las generaciones. Habilidades como asertividad para que no te calen las respuestas que recibas, valentía, por supuesto, confianza en una misma.

    Y digo que no todas las generaciones porque ahora la juventud sí tiene más libertad para desarrollar esos valores, y el acompañamiento de personas adultas que han pasado lo suyo para hacerlo bien. Pero mi generación y generaciones anteriores a la mía no hemos tenido eso. Y por lo tanto, no hemos podido desarrollar estas habilidades.

    Pensaba esto porque sigo en el armario en el trabajo. Y en parte es porque no tengo la fuerza de fingir que tengo esas habilidades.

    Y cuando tengo la fuerza, lo que me entra es la mieperegüenza. Ya hablé de este término en mi blog haya por el 2019, os dejo enlace por si queréis ver desarrollada la idea, pero básicamente es la mezcla de miedo, pereza y vergüenza.

    Me alegra pues que se vaya perdiendo esta mieperegüenza y vayan ganando las habilidades positivas que nos ayudan a conocernos y expresarnos mejor hacia el exterior. España es el segundo país del mundo con mayor porcentaje de población LGTBI+, un 14%, según un estudio (enlace a la noticia en Europa Press con la gestión fácil de las cookies aplicada y sin obligación de suscripción si no las aceptas porque os quiero).

    Sigamos así 🙂

    Una novela

    Durante las navidades estuve enganchadísima a una novela victoriana de aventuras con protagonista lesbiana. Creo que poco más se puede decir. Se trata de «Una maldición entre nosotras», escrita por W. de la Torre, y, como digo, está ambientada en la moda victoriana por los tesoros egipcios.
    En lo positivo: Está muy bien ambientada y documentada, y los personajes son una delicia. Me sorprendí varias veces pensando en ellos mientras trabajaba o hacía otras cosas.
    En lo negativo, y por decir algo, el estilo a veces es un tanto engorroso, con demasiados gerundios y con encadenamiento de subordinadas. Pero pensé que quizá era una imitación del estilo de redacción victoriano (está escrito en primera persona por la protagonista) y tampoco es obstáculo para zambullirte de lleno en la historia. 
    Muy recomendable.
    W. de la Torre, si eres una de las más de 500 suscritoras a esta newsletter, me gustaría conocerte 🙂