Categoría: literatura

  • Diario de una escritora de novela lésbica #37

    Diario de una escritora de novela lésbica #37

    Hace unos días escribí que cuando no sabía qué hacer con mis personajes, los ponía a comer.
    Hoy he caído en que cuando no sé dónde ubicar mi novela, la localizo en Madrid.

    ¿Por qué? Me lo puedo imaginar.

    Viví en Madrid unos años, cuando me fui a estudiar la carrera, y es una ciudad que se me ha quedado dentro.
    «Los libros de Nico y Carla» se ambientan ahí. También parte de «Sea» y de manera velada en «Último atardecer en Lisboa».

    Hasta que llegué a «Una estrella danzante» y me rebelé. ¿Por qué localizar todo en Madrid? Voy a inventarme una ciudad para Jana y su equipo. Ahora sé que se llama Adamstown.

    «Mi mentira más sincera» la ubiqué en Zaragoza, mi ciudad porque era parte de la historia.

    En «Todos los besos que no di» también está ambientado en una ciudad inventada.

    Y en «La gran sonrisa» seguí la línea de «Una estrella danzante» y cree una ciudad nueva, esta vez con nombre propio, Wickby, y hasta moneda (los kipis).

    A la hora de contar una historia el territorio es importante. Otras veces es mero decorado. Pero me hace ilusión esto de crear un worldbuilding propio y alejarme del centralismo de Madrid.

    Todavía dudo de dónde ubicar la novela que estoy escribiendo. La estoy localizando en Madrid, porque sí hay cosas que me obligan a ello, pero estoy valorando seguir la línea de la(s) ciudad(es) inventada(s), si no para esta novela, sí para el resto de las que vaya escribiendo.

    Tengo en la cabeza un mapa y no pararé hasta recorrer cada uno de sus rincones.

  • Diario de una escritora de novela lésbica #36

    Diario de una escritora de novela lésbica #36

    ¿Qué escribir mientras estás escribiendo?

    A veces los días son un bucle. Repito temas. Doy vueltas a lo mismo.

    Escribir es una obsesión.

    O mejor dicho, escribo sobre mi última obsesión: el tiempo que nos han robado a las personas queer nacidas en los 80 y 90.

    Ya escribí sobre ello en «Todos los besos que no di». Una novela corta navideña a la que le guardo tremendo cariño porque creo que quedó muy bien expresado lo que quise contar. Y eso, querida, no es sencillo.

    Infancias robadas, primeros amores hurtados, educación sexual expoliada. ¿De qué me iba a servir a mí ponerle un preservativo a un plátano? Pero encima da gracias de que tuviéramos una clase de educación sexual.

    Siempre la amiga que escucha las aventuras de otras, el paño de lágrimas, la que debe fingir que sabe de lo que habla cuando habla de sexo (aunque sólo lo hubiera leído en la Nuevo Vale).

    Sentimientos frustrados, confusos, innombrados porque no teníamos un diccionario propio.

    Lo que hubiera ligado yo si hubiera entendido lo que me pasaba.

    Me agarro a este tema, el de la temporalidad queer, para que la novela no pierda el rumbo, la coherencia.

    Si me distraigo, algo muy habitual, debo obligarme a volver al punto.

    Me sirve a mí y le sirve a la lectora que no termina la novela pensando: «¿Qué cojones me ha querido contar esta tía?».

    [Palabras escritas hoy: 739]

  • Diario de una escritora de novela lésbica #35

    Diario de una escritora de novela lésbica #35

    Por más que lo intente, por mucho que mi propósito sea ese, no puedo escribir una novela con pocos personajes.

    No sé qué me pasa, pero no puedo.

    Aparecen, sin más.

    Yo intento adaptarme a los tiempos, a las tendencias: escribir algo sencillo, chica conoce a chica y se enamora. Pim-pam, novela escrita.

    Y cuando me pongo a escribir es como si saliera al campo: empiezan a aparecer setas. Y yo que soy persona curiosa, me agacho a verlas, y me pregunto si serán venenosas o si me servirían para un rissotto.

    Ya lo comenté en una ocasión. Me cuesta un horror un horror definir a los personajes principales. De hecho, cambian su personalidad conforme avanzan la novela y me obligan a reescribir los inicios. Pero los personajes secundarios… Esos aparecen y se describen solitos.

    No voy a incidir en esto porque ya escribí una entrada, pero sí que le quiero dar una vuelta más a por qué no puedo escribir novelas más sencillas.

    Una explicación puede ser que, como conté en una newsletter, siempre me han gustado las historias de muchos personajes. A propósito de la publicación de «La gran sonrisa» hice una reflexión.

    Entre las lecturas y las películas hay un género que siempre he disfrutado mucho: el que yo llamo la casa de locos. Novelas juveniles como La Recaraba, tiras como La 13 Rue del Percebe, películas como “Despertando a Ned” o “Las muñecas rusas” eran el tipo de contenido que me marcaba. Historias con muchos personajes con personalidades y pasados muy diferentes uniéndose por un objetiv […] Conecto bastante con esa idea de que somos un todo conectado y vamos alimentándonos de otras personas, de otras experiencias. Nos guste o no.

    Soy de las pocas millenials que aún ponen el móvil en horizontal para ver un vídeo. Quizá por eso, Instagram se me de tan mal. Quiero ver todo de la mejor manera posible, más allá de consumir el vídeo como quien se come una golosina.

    ¿Cuántas veces tenemos que recordar a quien nos va a hacer una foto de grupo o a grabar una celebración que, por favor, ponga el teléfono en horizontal? (Es decir, que antes que en su propia comodidad, piense en los demás: en los que vamos a salir y a ver esas imágenes). El optar siempre y en cualquier situación por tomar fotos y vídeos verticales, incluso cuando no son retratos, implica una indisimulada falta de empatía […] El ‘yo’ es vertical; el ‘nosotros’ es horizontal.

    Toño Fraguas. Eldiario.es

    Sí, es cierto eso que dicen de que hay que escribir para uno mismo, pero, en mi nada modesta defensa diré que escribo novela lésbica. Y escribir novela lésbica es escribir para un nosotros. Para un nosotras, más bien.

    Hay que ampliar el plano. Hay que poner el móvil en horizontal para que aparezcan el mayor número de realidades posibles.

    Este tipo de filosofía pop a veces me parece sobreactuada, pero desde luego me sirve para explicarme ciertas partes de mí como persona y como autora.

    [Palabras escritas hoy: 1369]

  • Diario de una escritora de novela lésbica #33

    Diario de una escritora de novela lésbica #33

    Abro Scrivener. Abro Chrome. Tecleo: wordreference. Abro otra pestaña. Tecleo: notion. En una pantalla Scrivener, en la otra Wordreference y Notion, donde tengo la estructura de la novela. He perdido un poco el hilo y debo encontrarme.

    Comienzo a escribir. Bien, me voy encontrando. Me felicito porque me gusta lo que va saliendo.

    Un momento. Yo tenía un pedido de Amazon pendiente. Voy a mirar. Abro otra pestaña. Tecleo: amazon.

    Calla, si hoy es día 12 de octubre. Es festivo en España. No me va a llegar nada.

    A pesar de que ayer salimos (son las fiestas del Pilar, la fiesta grande de Zaragoza), hoy me he despertado a las 8. Mi reloj interno es así.

    Mañana también tengo fiesta. ¿Qué conciertos había? Abro pestaña. Tecleo: programa de fiest…

    A ver, céntrate, que estás con la novela.

    Sigo escribiendo. Estoy llegando a una escena importante. Casi todas lo son, en realidad.

    Mi móvil vibra. Sé que es mi novia que me reclama desde la cama.

    Sigo escribiendo.

    Esta uña está más larga. Me da dentera. La tendré que limar.

    File me. Buff me. Polish me. Shine me. Son las cuatro caras de la lima que me compré en Primark. Le doy vueltas en mis manos.

    Vuelvo al texto. Tengo que concentrarme en escribir.

    Además, ayer había muchísima gente en Zaragoza. Nos dieron ganas de no volver a bajar.

    Sigo escribiendo. Pese a las distracciones, la escena me está quedando muy sonora. No sé si se dice así. Quiero decir que está llena de sonidos. Luego una de las protagonistas se refugia en el baño y los sonidos se amortiguan.

    Aunque es verdad que hay mensajeros que trabajan los domingos porque necesitan el dinero. Van al almacén de Amazon en Pla-Za y preguntan qué pueden repartir. Pero imagino que hoy hasta el almacén estará cerrado, ¿no?

    ¡Que escribas!

    Dejo la escena a medias. Me he atascado en mis distracciones. Así tengo algo con lo que empezar mañana.

    [Palabras escritas hoy: 1208]

  • Diario de una escritora de novela lésbica #32

    Diario de una escritora de novela lésbica #32

    Lee bien el título. Escritora. Lésbica. Eso sólo puede significar una cosa: tengo las uñas cortas.

    Las uñas de la manos derecha bien cortitas por escritora, y las de la izquierda por lesbiana 😎

    Tópicos y bromas aparte, lo de las uña es una cosa que me trae loca. Me gustan cortas. De joven me las mordía hasta que llegué a la Universidad.

    A mi madre le traen más loca todavía, se piensa que se me van a infectar porque considera que me las dejo rasas.

    Pero es que me da dentera que mis uñas choquen contra el teclado. ¿Ese meme de la mujer negra mascando chicle y tecleando con sus uñas largas? Dentera. Gracioso, pero dentera. ¿El de Peter Griffin con sus uñas largas y rosas? Ídem.

    Ese cla-cla-cla que produce el choque de las uñas contra las teclas… Brrr. Escalofrío. Piel de gallina. Rechinar de dientes.

    Lo que sí que no consigo quitarme es lo de morderme los pellejos. Es autocanibalismo normalizado. Normalmente es por nerviosismo o estrés. Luego ya sigo por cabezonería y aquello termina con una tira larga y rosácea que deja la primera capa de piel al aire libre y que escuece que no veas.

    Además, es una fuente de distracción más, por si tuviera pocas ya.

    ¿A que no pensabas leer hoy sobre uñas? Es lo que tiene un diario, cada día una sorpresa.

    [Palabras escritas hoy: 1281]

  • Diario de una escritora de novela lésbica #31

    Diario de una escritora de novela lésbica #31

    Alerta: Me pongo sería y un poco conspiranoica.

    Ayer leí esta noticia, y aunque el mundo de la música y el de la literatura es distinto, sí que me dio qué pensar.
    Justo este fin de semana mi sobrino me preguntó qué era eso de que los números eran infinitos, que en algún punto tenían que acabar. Le intenté explicar que en la teoría los números son infinitos, pero en la práctica nadie se ha puesto a demostrarlo. Se pegaría toda la vida diciendo números y aún así no llegaría al último.

    Creer en lo infinito es un acto de fe.

    Hasta ahora nos pensábamos que Internet era infinito. Nos pensamos que «la nube» es infinita, que soporta todas las fotos que nos hacemos, la música que escuchamos, los libros que leemos. Nos reíamos de quien se compraba las películas en formato DVD, de quien se imprimía las fotos para ponerlas en un album, de quien se dejaba los cuartos comprando en papel porque total con Kindle Unlimited puedes leer todo lo que quieras sin cargar contigo el peso de la literatura.

    Y llega esta noticia de que Deezer (una alternativa a Spotify) y Universal llegan a un acuerdo para que el reproductor no incluya «tonelada de basura sin apenas valor para los verdaderos oyentes».

    Deezer, como Spotify, como Amazon, reparte el dinero de la publicidad y de las suscripciones entre las productoras que cuelgan sus canciones en la plataforma en función del número de reproducciones. Estas supuestamente las reparten entre sus artistas.

    “El dinero que reparte Spotify no es infinito, pero tiene que repartirlo entre todos los artistas y canciones. Y si todos los meses se suben tres millones de canciones, ese reparto se diluye. Las plataformas tienen que empezar a ver hacia dónde va ese dinero”, dice el artículo.

    Si eliminas esa «tonelada de basura sin apenas valor», hay más dinero a repartir.

    Ahora las plataformas están centradas en el «cuanto más contenido, mejor». Es el caso también de Amazon, que te premia con un mejor posicionamiento cuanto más publiques. Pero si alguna gran plataforma cierra el grifo, la industria vivirá un gran cambio.

    Deezer ya lo ha hecho. Está por ver si le seguirá Spotify. Y está por ver si a Spotify le seguirán otras plataformas, llámese Kindle, Netflix o YouTube.

    La nube no es infinita (no dejan de ser servidores, ordenadores de otros) y el coste de su almacenamiento hay que pagarlo.

    Pero, ¿quién decide qué es basura? ¿Cuáles son los criterios? ¿Es la literatura lésbica basura, propaganda o literatura? ¿Se salvará de la quema?

    Yo por si acaso te digo que mis novelas están también en papel y que también las puedes comprar y descargar en mi web, que no es infinita, pero al menos sé dónde está alojada.

    [Palabras escritas hoy: 561]

  • Diario de una escritora de novela lésbica #30

    Diario de una escritora de novela lésbica #30

    Me despierto con el despertador de mi novia, que lo tiene puesto a las 6:24. Ni un minuto más ni uno menos. Sí, es de esas.

    Mientras ella se prepara, yo remoloneo un poco en la cama consciente de que esos minutos que estoy bajo las sábanas es tiempo que me resto de escribir.

    Me levanto, abro la ventana para airear la habitación y, si tengo que ir a la oficina a trabajar presencial, me ducho y me arreglo el pelo. Aquí lo mismo: cuanto más rato esté arreglándome el pelo, menos estaré escribiendo. Pero cuanto menos rato esté arreglándome el pelo, peor me quedará.

    Mi novia se va a currar y yo me hago un café y me pongo a escribir. Pueden ser 25 o 15 minutos en función de lo anterior.

    Para más inri, a veces el reloj de mi portátil pierde el ritmo y me marca un minutaje diferente al real. Cuando voy contrarreloj esto es peligrosísimo.

    Menudos dramas me monto.

    La sensación de escribir contrarreloj me viene bien. Me apremia, me obliga a escribir.

    Debo dejarme unos minutos de reserva para hacer la cama y lavarme los dientes. Confieso que muchas veces he sacrificado lavarme los dientes y lo he hecho en el trabajo.

    Si me quedo en casa trabajando, tengo algo más de tiempo para escribir (y remolonear en la cama).

    Lo que no escriba en este rato, no lo escribo ya en todo el día, porque por las tardes prefiero ver la tele o leer o a hacer ejercicio. Y por las noches cenamos pronto porque MI NOVIA SE PONE EL DESPERTADOR A LAS 6:24.

    Y esta es mi morning routine. ¿Cómo te quedas?