Categoría: ficción

  • ¿Puede el chatGPT escribir mi próxima novela lésbica?

    ¿Puede el chatGPT escribir mi próxima novela lésbica? ¿Y escribir mis posts (tengo el blog un poco abandonado). Me ahorraría el sufrimiento de no encontrar la palabra, el modo, el flow. Ya tengo varias novelas publicadas. ¡Que aprenda mi estilo y se ponga a escribir! No soy nada ludita, siempre he sido una early adopter, buscando hasta la ridícula pérdida de tiempo la manera de ser más eficiente con el uso de la tecnología. Soy del club de Delia Rodríguez: “Imagino que tendré mi propia asistente, a quien alimentaré con mi escritura y que me ayudará a mejorar mi estilo, responder mails y mantener redes”. Yo le indicaría la trama y qué sucede en cada capítulo y la IA escribiría la novela. Yo sólo tendría que aportar algún chascarrillo que dotase al resultado final de un toque más personal. Jaime Altozano ya lo ha probado. Total, ya hay mucha novela escrita por un autor con el piloto automático puesto. En esta página el primer giro de guión; en esta otra, la pareja rompe para, tres páginas después, reconciliarse antes de la imagen final; aquí comienza la trama secundaria… Sólo tienes que seguir esta excel. Ya lo tienes. Empieza a escribir, chatGPT. ¿Por qué no escribes? ¡Venga [le da con un palo], escribe, escribe cosas lésbicas!

    Una imagen de una IA escribiendo una novela generada por una IA
    Una imagen de una IA escribiendo una novela generada por una IA

    Pero llevamos años trabajando, luchando por una literatura lésbica de calidad. Esto lo echaría todo por la borda. ¡O peor! Los algoritmos tienen sesgos. Por lo general, el sesgo desfavorece a las minorías o a aquellos grupos que no están bien representados en los datos que se utilizan para entrenar modelos de aprendizaje automático. ¡Escribí una novela entera sobre eso! No podemos dejar en manos de una IA la escritura de la próxima novela lésbica.

    ¡Un momento!

    Quizá ya hemos leído alguna novela escrita por una IA y no lo sabemos. ¿Cómo averiguarlo cuando la alta producción literaria ha sepultado al estilo personal, cuando los personajes son clones unos de otros, cuando las novelas son clones unas de otras? ¿Nos sentiremos tan defraudados al descubrirlo como cuando descubrimos que Carmen Mola eran tres hombres? ¿O nuestra exigencia para leer más y más (¡tenemos que amortizar al máximo los 9,99€ que le pagamos a Amazon por Kindle Unlimited [4,99€ si lo haces a través de este enlace] todos los meses! ) primará sobre el resultado final? ¿Cómo podemos las escritoras vencer a la IA? ¿Podemos, acaso? ¿O debemos rendirnos y añadirla a nuestro proceso creativo?

    ¿Puede el chatGPT escribir mi próxima novela lésbica? ¿Y escribir mis posts (tengo el blog un poco abandonado) Me ahorraría… [entra en bucle].

  • Encuentros en la tercera fase

    Os cuento cómo avanza la corrección de mi nueva novela

    Hace poco compartí en mi Instagram una imagen de la pizarra que tengo en una de las paredes de mi habitación propia. En la pizarra tengo una especie de Gantt en el que desgloso mes a mes los pasos que le quedan a mi novela.

    https://www.instagram.com/p/CK1Wc8alsnT/

    Como veis estoy en la fase 3, corrección ortotipográfica y de estilo, además de incluir algún detalle de los que yo denomino «Lapierre» porque lo aprendí de este escritor francés (olores, colores y ruidos).
    Estos detalles no son baladís. Muchas de vosotras me decís que tengo una gran capacidad para transportaros con mis palabras, que os metéis de lleno en la novela y esto es, en gran medida, gracias a estos detalles Lapierre. Mi escritura es muy sensorial, a mis personajes les encanta comer (¡como a mí!), les encanta pararse un momento y captura olores, sabores, sonidos, colores…

    rewrite edit text on a typewriter
    Photo by Suzy Hazelwood on Pexels.com

    Pero esto es un arma de doble filo: la novela puede resultar lenta, cargante. Por eso es importante mantener el ritmo a diferentes niveles: en una frase, en un párrafo, en un capítulo y, por fin, en una novela entera. Por ejemplo, en esta última fase de corrección me he dado cuenta de que me faltaba un capítulo puente, algo que os permita descansar, respirar, y que, a su vez, que la novela tenga mejor ritmo.

    Creo que, como escritora, estas dos cosas son mi punto fuerte.

    En esta nueva novela, además, he tratado de seleccionar mejor los verbos. Un verbo implica acción pero un verbo bien elegido puede aportar mucha más información. Incluso, por qué no, también color o sonoridad. Un ejemplo muy básico: un personaje puede decir algo o puede escupirlo. Este segundo verbo ya indica que lo que dice no es neutro, sino que viene con una clara intención.

    Y en esas estoy ahora 🙂

    Cuando la acabe, le pasaré la novela a mi lectora 0, es decir, mi novia. Una vez la termine ella y me de sus impresiones, haré los cambios oportunos y la pasaré a mis lectoras beta y a la ilustradora de la portada.

    ¡Es verdad! No os lo había dicho. He contratado a una ilustradora, pero eso ya os lo contaré en el siguiente post 🙂

    * Esta entrada de mi diario de escritora la leyeron primero las suscriptoras. Si quieres leer antes que nadie cómo va mi próxima novela (próximo email: las impresiones de la lectora 0) y conversar conmigo vía email, suscríbete!

  • Valeria y la metaficción

    Esta entrada contiene spoilers. Bueno, contiene un spoiler. No sigas leyendo si no quieres conocerlo.

    Valeria» narra la vida y obra de Valeria, una chica que escribe su primera novela. Tanto los libros como la serie transitan por ese juego de espejos protagonista-autora en el que todas las escritoras, en mayor o menor medida, hemos participado.

    La serie ha sido vendida como una ficción basada en los libros de Elisabet Benavent, autora best-seller con una auténtica legión de fans.

    Haciendo un repaso por Twitter, el chasco de las fans de la escritora anteriormente conocida como Betacoqueta al ver la serie es mayúsculo. El argumento principal es que, salvo los nombres de los personajes, no hay nada de los libros que refleje la serie. Y todos coinciden en que los libros dan para una serie mucho mejor de lo que ha salido.

    Tú lo sabes, yo lo sé y Elisabet también lo sabía. Y sin embargo…

    Como escritora me intriga la trama que hay detrás de la adaptación. Benavent aparece en los créditos como Supervisora de Producción que es la manera bonita de decir «Asesora de rodaje». Esto hace que al espejo escritora-protagonista se le añada una capa más: la de la autora en la vida real viendo cómo adaptan su novela para televisión.

    Al final de la primera temporada, la editora de Valeria le hace una oferta tan suculenta como envenenada: publicar su novela bajo el nombre de otra autora. Esta propuesta indigna a Valeria porque le ha costado mucho escribir la novela, pero ahí se queda el cliffhanger.

    Es este giro con el que yo me siento más identificada porque, en verdad, no parece una decisión tan sencilla.

    • PROS: Probablemente vendes más y, por tanto, ganas más dinero de royalties.
    • CONTRAS: No es tu nombre el que aparece en la portada y el reconocimiento es para otra persona.

    ¿Tú qué harías? Por un lado, puedes aceptar la propuesta, vivir tranquila con el dinero de los derechos que te vayan llegando y escribir sin presiones una segunda novela. Por el otro, te has desnudado por completo en esta novela y publicarla bajo otro nombre que no sea el tuyo sería como venderte al mejor postor.

    En el mundo real, Elisabet es esta aclamada autora, el best-seller asegurado, la marca bajo la cual una aspirante a actriz puede publicar su primera novela, esa que le ha costado escribir sangre, sudor, lágrimas, y quizá alguna relación personal.

    Pero en este mundo real no es una escritora quien publica bajo la marca de Benavent sino la propia Netflix. Ha grabado una serie que probablemente ya tenía guionizada y la ha vendido bajo la marca «Valeria» lo que convierte a la serie, el libro y a la propia Elisabet Benavent en un ejercicio retorcido de metaficción.

    ¿A que ya no os parece una serie tan mala?

    A mí sólo me falta que Charlie Kaufman adapte a guión de cine cómo fue la adaptación de «Valeria» y el círculo se cerraría.

    Y ahora responded a una pregunta: ¿Qué haríais vosotras si estuvierais en la piel de Elisabet-Valeria y recibieses una oferta así de Netflix o de vuestra editorial?

  • Así acaban las parejas lésbicas en la tele

    En resumen: Mal.

    Tristemente estamos habituadas a los finales trágicos en las historias de amor entre lesbianas o bisexuales. Llámalo cliché, llámalo falta de imaginación de los guionistas, llámalo socialización encubierta para la extinción de las parejas lésbicas. Ya sabes, no te enamores de una mujer o acabarás mal. Eso, claro, va minando…

    La muerte de Aurora deja desolada a Celia

    Antes de seguir, vamos a rezar una oración por todas aquellas parejas que no tuvieron un final feliz y nos rompieron el corazón.

    Hagamos un repaso por las parejas de lesbianas que nos han acompañado en la televisión y cataloguemos sus finales. En esta excel podéis consultar y aportar las vuestras siguiendo un criterio para definir qué es un final Bueno, Regular, Malo y Espantoso.

    • Bueno: Acaban juntas y felices.
    • Regular: Acaban juntas pero meh o acaban como amigas.
    • Malo: No acaban juntas.
    • Espantoso: Muere alguna de ellas o sufren algún otro tipo de escarnio.

    Os dejo aquí una excel en la que podréis añadir parejas para ver si es verdad eso de que la mayoría tienen finales malos.

    He puesto país y año del final de la pareja para ahondar en este estudio nada riguroso y comprobar si, con el avance de los años, los finales son más felices (si vamos avanzando en algo) o no.

    Integración con Google Sheets

    Otro día, si eso, analizamos la mirada con la que perpetúan estas historias. No es lo mismo la intención con la que están grabados este beso…

    Beso con lengua entre Sarah Michelle Gellar y Selma Blair en ...
    Beso para pajilleros

    Que este otro:

    Picture of Imagine Me & You
    Besos para mujeres románticas

    Por poner un par de ejemplos.

    Integración con Google Sheets

    ¿Vamos a ello?

    https://docs.google.com/spreadsheets/d/1FUezBf3bFMCOULQqcdc9aGKBw1Wh_ZUNbHWDFJPQl08/edit?usp=sharing

  • #Luimelia: De Madrid al cielo

    #Luimelia: De Madrid al cielo

    Una bola de fuego recorrió el cuerpo de Luisita. Amelia la besaba con pasión, parecía que la iba a devorar. Sus lenguas jugaban y la humedad de sus bocas se trasladó a su entrepierna. Luisita se separó de su amante y abrió los ojos. Amelia hizo lo mismo.

    La rubia se topó con los ojos brillantes de Amelia y se vio reflejada en ellos. Por fin, se vio como la veía su novia: hermosa y valiente. La vedette alzó una ceja interrogativa. Las mejillas encendidas de la rubia parecían un semáforo en rojo que obligaba a detenerse.
    –¿Estás segura, Luisita? –preguntó Amelia en un suspiro mientras le acariciaba la mejilla con el dorso de la mano.
    Luisita tragó saliva. Cuánto les costaba no cogerse de la mano por la calle; qué cortos se les quedaban los abrazos en público; qué duro se les hacía no poder besarse cuando les diera la gana. Pero ahí, en el salón de los Gómez, con olor a limpio y el único runrún que el del generador, se sintieron libres.

    (más…)
  • Fanfic #Barcedes: Último capítulo

    Fanfic #Barcedes: Último capítulo

    ¿De qué va?

    Historia basada en la telenovela «Perdona nuestros pecados», ambientada en el Chile de finales de los 50. Mercedes y Bárbara han confesado su amor por la otra, pero Sofía Quiroga las ha visto en una situación comprometida y las ha amenazado con contar a todo Villa Ruiseñor su relación.[/s
    ¿Quieres empezar desde el principio?

    El sol caía en Santiago y la salita del modesto hogar de Sofía Quiroga se iba ensombreciendo. La mujer se levantó y encendió una lamparita de pie que bañó la estancia de una luz amarillenta.

    –Comprendo vuestro estado de confusión –dijo cuando volvió a sentarse–. A mí me costó años comprender lo que ocurrió.

    –¿Y qué ocurrió realmente? –preguntó Bárbara dando un brinco en la silla.

    Doña Sofía alzó las cejas y resopló ligeramente. Sus ojos se entornaron tratando de buscar la respuesta en su maltrecha memoria.

    –Es difícil de explicar. Quizá no haya una única explicación –Hablaba con lentitud y las palabras salían pastosas de su boca–. Lo que ocurrió fue que el suelo se abrió y os lanzastéis al vacío. Antes de que desaparecierais, hubo como un chispazo.

    –Un chispazo? –preguntó Mechita.

    –Sí, como una especie de resplandor muy intenso y muy breve –explicó doña Sofía. Mercedes tomó la mano de Bárbara por encima de la mesa al recordar el momento de su caída–. Todo el mundo nos dirigimos hacia el padre Reynaldo. Quizá él, en su calidad de hombre de Dios, habría presenciado, o habría oído alguna vez de algo así.

    La pareja la escuchaba en silencio.

    –Al final concluyeron que habíais ido al infierno por desviadas. Perdón –se disculpó por usar aquella palabra.

    –¿Al infierno? –repitió Bárbara.

    El término inundó la sala como una gran bola pesada que no dejaba respirar a Mechita.

    –Sí –afirmó doña Sofía–. Mi hermana la Elsa se negó a creer aquello. Fue la ruptura definitiva con Villa Ruiseñor y con su familia.

    Mercedes no pudo contener sus lágrimas. Tras toda una vida de fe católica, fue recordada en su pueblo como una pecadora que ardía en el infierno por toda la eternidad. Y lo peor de todo es que ya no volvería a ver a su amiga la María Elsa, la única que creyó en ellas, que las apoyó. Se llevó las manos a la cara y salió de la salita.

    Desconocía la casa y daba tumbos por el largo pasillo. Bárbara, que había salido a su encuentro, la abrazó por detrás.

    –Mercedes, hermosa mía –dijo.

    No se le ocurría que decirle a su mujer para consolarla. Ella también había pasado a la historia de Villa Ruiseñor y de la comarca del Maule como una pecadora, pero poco le importaba ya porque estaba junto al amor de su vida. Le inundó la cara de besos y los labios se empaparon de sus lágrimas saladas. Mercedes se le escurrió en los brazos y se sentó en el suelo. Ella se sentó también.

    –¿Qué vamos a hacer, Bárbara?

    Se quedaron abrazadas, sollozando en silencio.

    –Escucha, Mercedes –Bárbara le tomó la barbilla y la obligó a mirarla–. Ve a descansar. Ha sido un día muy intenso, muy extraño. Necesitamos reposarlo todo. Mañana será otro día.

    Mercedes la miró a los ojos. No sabía cómo lo hacía, pero Bárbara siempre conseguía devolverle la calma. Al fin y al cabo, tenía razón: Mientras estuvieran juntas, todo iría bien.

    –Está bien –concedió.

    El sol se había puesto por completo y una luna menguante, al borde de la desaparición, presidía la noche.

    Mercedes despertó poco a poco. Su sueño había sido profundo, tanto que le dio la sensación de que su cuerpo se había hundido en el colchón. Abrió los ojos lentamente, dejando que se acostumbraran a la luz del sol.

    Se mantuvo inmóvil. No sabía qué esperar, qué desear. Que todo lo acontecido hubiera sido realidad o sólo un mal sueño. ¿O un buen sueño?

    Frente a ella, una imagen borrosa aún. Las formas se definieron poco a poco y pudo ver un armario destartalado cuyas puertas ya no encajaban, y una tulipa rajada en la mesilla de noche. Aquella no era su habitación de la casona de los Möller.

    Una ventana abierta le devolvía la banda sonora de una ciudad agitada, casi tormentosa. No, definitivamente, aquel no era un despertar en su querida casa familiar.

    Se giró lentamente y vio a Bárbara apoyada en la pared, mirando de perfil por la ventana.

    –Bárbara –dijo con alivio.

    Bárbara le sonrió y le tendió una mano.

    –Ven, mira esto.

    Mercedes se levantó y fue junto a ella. Se asomó a la ventana y vio el Chile del futuro, de su futuro que era ahora presente. Había ajetreo, tráfico y grandes edificios. Una gran torre, que a Mercedes le pareció de ciencia ficción, destacaba en el horizonte. Al fondo, las últimas nieves de los Andes se resistían a marcharse.

    –Entonces… No lo he soñado –dijo.

    Bárbara le pasó un brazo por los hombros y le dio un beso en la frente.

    –No, mi amor. No lo has soñado. Estamos aquí –Bárbara notó que Mercedes temblaba como una hoja seca mecida por el viento–. Pero no te preocupes, estamos juntas. Sofía nos ayudará con nuestra documentación, y entonces podremos buscar trabajo y empezar una nueva vida juntas.

    –¿Sofía? –saltó Mercedes–. ¿La misma Sofía Quiroga que nos delató y nos mandó al infierno?

    Bárbara le acarició la mejilla y sonrió con amargura.

    –Lo sé, pero he hablado con ella esta mañana y parece arrepentida de verdad. Ha dicho que hacernos este favor aliviará su sentimiento de culpa y podrá irse en paz cuando llegue su hora.

    –¡Sofía Quiroga, melodramática hasta el final de sus días! –exclamó Mercedes, lo que arrancó una carcajada a Bárbara.

    –Tengo una noticia más que darte. Bueno, dos –le dijo.

    –Ay, Barbarita, no sé si estoy preparada para más noticias.

    La morena sonrió y recogió un palito que había dejado sobre un mueble. Se lo enseñó a Mercedes, pero esta no comprendió nada.

    –¿Ves esta puntita de aquí? –comenzó a explicar Bárbara–. Pues con una gotita de pipí es capaz de decirte si estás embarazada o no.

    La Möller la miró sorprendida. Tenía una ceja levantada y sus labios formaban una o casi perfecta.

    –Si sale una rayita significa que sí estás en estado de buena esperanza.

    Mercedes miró el palito y vio la raya que le mostraba Bárbara. Cuando por fin comprendió el ritmo de su respiración aumentó.

    –Dios mío –dijo–. Esto significa que… –Miró a Bárbara esperando su confirmación.

    Bárbara asintió con la sonrisa serena de quien se sabe dueño de su destino.

    –Sí, Mercedes. Vamos a ser mamás –dijo consciente de que aquellas palabras romperían los esquemas de su polola.

    –Lo querré como a un hijo, Barbarita. Te lo juro –respondió entusiasmada Mercedes.

    Las mujeres unieron sus manos con el predictor de embarazo bien amarrado. El volumen del exterior parecía haber bajado y Bárbara pudo darle la segunda noticia sin el molesto ruido del tráfico de fondo.

    –Y tanto que lo vas a hacer, Mercedes, porque también será tuyo.

    –¿Mío? Pero…, ¿cómo?

    Las cejas de Mercedes se juntaron sobre el puente de la nariz y una profunda línea acentuaba su confusión.

    –Parece que la lucha de años atrás ha logrado sus frutos y en el Chile de 2018 dos mujeres que se aman pueden casarse por fin.

    La línea sobre el puente de la nariz de Mechita desapareció para dar paso a unas arrugas en la frente, empujada por unas cejas que casi se le salían de la cara.

    –¡No me lo puedo creer! –Mercedes no salía de su asombro. Ni en el mejor de sus sueños, aquellos en los que paseaba con Bárbara de la mano por Villa Ruiseñor, ajenas a las miradas de propios y extraños, podía haberse imaginado algo así.

    Sin soltarle de la mano, Bárbara hincó una rodilla en el suelo y, desde abajo, miró a su mujer con toda la dulzura de su mirada.

    –Mercedes Möller, ¿me harías el gran honor de ser mi esposa y formar una familia conmigo?

    Mercedes se tapó la cara.

    –Qué vergüenza, Barbarita. Ponte en pie, por favor –le rogó.

    –No me moveré hasta que me des una respuesta.

    Bárbara irradiaba belleza, serenidad y seguridad. Mercedes, por su parte, apenas podía aguantar la emoción. Jamás pensó que nadie le fuera a proponer matrimonio y formar una familia. Eso era para muchachas como la María Elsa o la Augusta. Y sin embargo, ahí estaba, la proposición que llevaba esperando desde que conociera a Bárbara Román.

    Se arrodilló frente a ella para estar a su altura, con la mirada acuosa y borrosa. Parpadeó y dos lágrimas se deslizaron por ambas mejillas.

    –Claro que sí, mi amor. Claro que sí –dijo, y besó los labios de Bárbara. Su ahora prometida también lloraba de la emoción.

    –Qué tonta soy, no tengo ni un anillo que ofrecerte –se disculpó Bárbara mientras se limpiaba las mejillas con el dorso de su mano.

    –No importa –respondió Mercedes–. Te quiero, Bárbara.

    –Te quiero, te quiero –repitió la morena entre beso y beso, incapaz de separar sus labios de los de Mercedes.

    El sol despuntaba alargando las sombras de la pareja por la habitación. Un espejo de pie les devolvía el reflejo de una nueva vida: una vida libre; una vida juntas.¿Cómo puedes apoyar esta historia?

    Hay muchas maneras de apoyar a una escritora que hace contenidos que te gustan:

    1. La más barata es la recomendación a personas que crees que le podrían gustar sus historias (Twitter, Facebook, por email, boca a boca). Mi usuario en Twitter es @nicoporfavor.
    2. Puedes comprar sus novelas. En mi tienda verás todas las novelas que tengo publicadas. También hay relatos y fanfics gratuitos.
    3. Si ya las has comprado y leído, puedes dejar una reseña en Goodreads o Amazon para ayudar a otras personas a encontrar su próxima historia para leer.

    Tú también formas parte de la cultura lésbica. Ayúdala a crecer 🙂

  • Fanfic #Barcedes: Capítulo noveno

    Fanfic #Barcedes: Capítulo noveno

    [su_note note_color=»#fe818f» radius=»0″]¿De qué va?

    Historia basada en la telenovela «Perdona nuestros pecados», ambientada en el Chile de finales de los 50. Mercedes y Bárbara han confesado su amor por la otra, pero Sofía Quiroga las ha visto en una situación comprometida y las ha amenazado con contar a todo Villa Ruiseñor su relación.[/su_note]
    [su_note note_color=»#efefef» radius=»0″]¿Quieres empezar desde el principio?[/su_note]

    Mercedes y Bárbara se miraban con temor cada vez que la señora salía de la salita para traer algo de comer o de beber. La mujer era olvidadiza y cuando traía las pastas no traía el café o se olvidaba del azúcar.

    –Bárbara, no creo que haya sido una buena idea venir a casa de esta señora –susurró Mercedes cuando la mujer se andaba por la cocina.

    –Bueno, pero no tenemos un lugar mejor donde estar –respondió la morena.

    La anciana volvió con el tarro del azúcar y lo dejó sobre la mesa.

    –Le agradecemos enormemente su hospitalidad –dijo Bárbara.

    –Os he visto algo perdidas y sólo quería ayudaros. Las mujeres deben ayudarse, ¿verdad?

    La pareja asintió.

    –No somos de por aquí –dijo Mercedes cuando se endulzaba su café.

    –Ya lo sé –dijo la señora, y sin demorar más su revelación por temor a arrepentirse, les soltó–: Ustedes son la directora Mercedes Möller y la profesora Bárbara Román, y vienen de muy lejos.

    La cucharilla de Mercedes cayó sobre la mesa y a Bárbara se le atragantó el café.

    –¿Cómo sabe…? –Mercedes trató de seguir hablando, pero su estupefacción se lo impedía.

    La mujer guardó unos segundos de silencio antes de responder. Un par de pájaros piaban en el balcón de la casa, y aquel dulce sonido se mezclaba con el del tráfico que subía de la calle. Hacía calor afuera, pero la fachada estaba en sombra y entraba algo de fresco a la salita.

    –Lo sé porque yo fui quien las delató durante la representación de «La casa de Bernarda Alba», antes de que hubiera un terremoto y se os tragara la tierra.

    Bárbara hizo un esfuerzo por alisar el rostro de la mujer, de recuperar el brillo adolescente de sus ojos, y de teñir de juventud su cabellera.

    –Sofía Quiroga –dijo por fin.

    –Así es –corroboró la señora pidiendo disculpas con una sonrisa.

    Durante un buen rato, nadie habló. Mercedes y Bárbara se miraban confusas mientras Sofía esperaba paciente a que sus antiguas profesoras asimilaran la situación. Mercedes tenía el ceño fruncido y las mejillas sonrosadas, tal era su esfuerzo por encajar aquello en sus esquemas mentales. Bárbara, por su parte, buscó las respuestas dentro de aquella salita. La tela del sofá desgastada, el mantel de la mesa descosido, las paredes amarillentas. Aquella casa distaba mucho de tener la solera de la mansión de los Quiroga en Villa Ruiseñor.

    –La vida no me ha tratado muy bien –se disculpó doña Sofía–. No saben cuánto me he acordado de ustedes.

    –¿De nosotras? –preguntó Mercedes, que se reenganchó a la realidad.

    –Sí –la mujer se levantó de la mesa con lentitud. Sus huesos eran débiles y ya había sufrido dos operaciones de cadera. Si no iba en silla de ruedas ya era por su empeño por salir a pasear todos los días para fortalecer un poco sus músculos. Se dirigió a una cómoda desvencijada y sacó un marco de fotos del cajón. Con la misma lentitud, lo llevó a la mesa y se lo enseñó a la pareja–. Este era mi marido.

    –Muy apuesto –dijo Bárbara después de que ella y Mercedes dieran cuenta de la imagen.

    –Sí, lo era –dijo doña Sofía. No había ni una pizca de nostalgia en su voz–. Lo dejé todo por él: los estudios, el pueblo, a mi familia. Yo sólo era una niña consentida y estaba enamoradísima. Tanto que me impidió ver lo peligroso que era.

    –Oh, dios mío –exclamó Mercedes.

    –Le gustaba beber, ir con mujeres de mala vida y sacar el máximo dinero del negocio de mi familia. Cuando mi padre se hartó, urdió mil planes para acabar con él y nuestra vida se convirtió en un infierno. Sospechosos accidentes, mujeres embarazadas que le exigían una paga para sus hijos, deudas… Me pegaba asiduamente porque, según él, yo había sido el origen de todos sus males.

    El gesto de la pareja se fue amargando conforme el relato avanzaba.

    –Él acabó muerto y yo herida, física y mentalmente, aislada y arruinada. Si no fuera por la María Elsa, que me puso esta casita y me pasaba de tanto en cuanto algo de dinero, no hubiera sobrevivido. Porque eso es lo que he hecho toda mi vida. Sobrevivir.

    Doña Sofía comenzó a sollozar.

    –Me acordé tanto de vosotras, de cómo luchasteis por vuestra felicidad y vuestra libertad… Os convertisteis en un faro para mí, y aquella chispa del terremoto era su llama. No pude soportar la culpa. Los Möller me miraban con odio cada vez que nos cruzábamos, como si yo misma os hubiera empujado a la grieta. Para soportar la culpa, me convencí a mí misma de que no habíais muerto ni estabais en el infierno, sino que aquella chispa os había dado la libertad para ser felices juntas. Lo soñaba constantemente –Doña Sofía se secó las lágrimas con un pañuelo que volvió a guardar en la manda de su camisa floreada–. Y ahora resulta que es verdad.

    Próximo capítulo: Sábado, 14 de abril. ¿Te aviso?

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    ¿Cómo puedes apoyar esta historia?

    Hay muchas maneras de apoyar a una escritora que hace contenidos que te gustan:

    1. La más barata es la recomendación a personas que crees que le podrían gustar sus historias (Twitter, Facebook, por email, boca a boca). Mi usuario en Twitter es @nicoporfavor.
    2. Puedes comprar sus novelas. En mi tienda verás todas las novelas que tengo publicadas. También hay relatos y fanfics gratuitos.
    3. Si ya las has comprado y leído, puedes dejar una reseña en Goodreads o Amazon para ayudar a otras personas a encontrar su próxima historia para leer.

    Tú también formas parte de la cultura lésbica. Ayúdala a crecer 🙂

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